Nivel Inicial

 

El jardín de infantes del Instituto nace como necesidad de la comunidad. Por aquel entonces en el año 1970, el P. Juan María Beitía creyó posible la oportunidad para fundar el nivel inicial, y por ello, busca en ese momento a la Señora Ana Graciela Beccaría, egresada del Instituto del Rosario, y a Marta Silvia Piattini, y como maestra de música a Gladis Grosso.

Tras lograr arreglar los trámites pertinentes y la correspondiente aprobación  provincial, se inician las actividades como Jardín de Infantes “La Santísima Trinidad” el día 1º de Abril de 1970, categoría primera, estando como director del Instituto la Santísima Trinidad  el P. José María Iturbe y como vicedirectora  la señora Graciela Valentini de Zanotti.

El comienzo de las actividades había sido en el mes de Marzo, tras una rápida e intensa organización desde mediados del mes de Febrero.

El inicio de las clases recibe a las primeras niñas en la escuela, y surge la escolaridad mixta;  dicha modificación se concreta en la escuela primaria al año siguiente.

Al principio el jardín de infantes funcionaba en una sola sala, y poseía un patio pequeño. Hoy es el espacio al aire libre donde se disfrutan  los recreos y otras actividades.

Ambas docentes, la Sra Beccaría y Marta Piattini compartían la misma salita donde funcionaba el jardín de 5 años, solo que en dos turnos diferentes, una por la mañana y otra por la tarde.

La rápida apertura del nivel inicial, hizo que no hubiera mucho tiempo para procurar todo el mobiliario y el material
didáctico desde el comienzo, es por eso que los Padres Trinitarios no sólo fueron generosos cediendo una parte de sus habitaciones, sino que colaboraron con el préstamo de alfombras para que los niños se sentaran más cómodamente, ya que no tenían aún sillitas ni mesitas. Cuando lo necesitaban, se usaban las dependencias de la casa parroquial, para la realización de algunas tareas.

Las clases de música se desarrollaban en el ya presente salón auditorio.

La primera promoción de “estudiantes” vestían de pintorcitos, de color rosa para las niñas y de color celeste para los varones, posteriormente el color se reemplaza por los  que identifican a la Orden trinitaria, pintorcito rojo para ellas y azul para ellos, siendo una nota de distinción el uso de moños primero y luego de cuellos a cuadritos o lunares que señalaban las diferencias entre los jardines de 4 y 5 años.

Por ese entonces todavía no estaba el gimnasio que hoy todos conocemos, allí solo se encontraba una “ canchita de futbol” como todos la llamaban. Desde siempre para el P. José María era muy importante el desarrollo armonioso del cuerpo en unión con la inteligencia, y era por esta razón que Él mismo era el protagonista de las actividades físicas de los “jardineros”, ¿de qué manera?, pues sentándose al arco y atajando las pelotas que los niños le arrojaban.

Desde esos principios a hoy, el “jardincito” a crecido permanentemente, actualmente cuenta con 22 personas que conforman el cuerpo docente, entre ellas las maestras jardineras y las docentes de ramos especiales como actividades plásticas, educación física, expresión corporal, música, inglés y computación.

Las instalaciones vaya que sí crecieron, constan de 7 salas ( 5 salas para jardín de 5 años, 5 salas para jardín de 4 años y 4 para jardín de 3 años), un patio ampliado con un predio que cedieron los religiosos, y desde hace 5 años un Invernadero que inició una actividad innovadora para los jardines en Villa María.

La formación y el seguimiento del desarrollo del aprendizaje de los niños del pre-escolar se ve ampliado, por otras actividades, como la implementación de la co-motricidad vincular a través de la organización de los alumnos del profesorado  de Educación Física, en donde se invita a toda la familia a participar en el gimnasio de la escuela. Actualmente esta participación se hace extensiva a otros jardines de infantes, en una gran fiesta en los frentes de la Iglesia Catedral.

Tal vez la mayoría no podrán olvidar los paseos a la granjita, la visita al Cuartel de bomberos, el recorrido por el barrio, los increíbles acantonamientos, los divertidísimos picnics, pero seguramente todos aún podrán recordar la fresca sombra de aquel inolvidable “olivo” bajo el cual se tejieron tantos sueños infantiles, hasta que un cruel viento de aquel mes de Noviembre de 1999, puso fin a sus verdes días. Tanto es así, que supo inspirar poemas en el corazón de la Profesora Elsa Balderramo  quien puso en movimiento su mano para escribirlos.


Es lo que quiero, deseo un proyecto similar
 
 
 
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